Escribiría el manual de la buena novia si ya existiera un medicamento contra los celos.
Haría una carpeta de fotos de tu cuerpo, si quisieras, y tinta de estos dedos que te aclaman. Escribiría el poema más intenso desde el comienzo de tu cuello hasta los dedos de tus pies. Cada pliegue un nuevo verso y tus lunares las pausas donde reinventar mi mundo, y un punto suspensivo en cada bello cuando ya no quepan más que las caricias.